OSVALDO CORREA30.12.2017(0)
"La etapa de la Concertación ya pasó, la gente quiere cambios estructurales"
Por Leonardo Montero (Santiago, enviado)El ex jefe de campaña de Guillier habla sobre el futuro de la centroizquierda de Chile.

 Osvaldo Correa es el secretario General del Partido Radical de Chile y viene de ser el jefe de campaña del derrotado candidato a presidente de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, con quien colaboró hasta la primera vuelta. Por esa función fue cuestionado por algunos aliados de la coalición oficialista, por lo que ahora reprocha el "fuego amigo".

El dirigente recibe a LPO en la sede del centenario partido, una casona del centro de Santiago a metros del hotel que Guillier usó como comando de campaña y donde reconoció la derrota ante Piñera. Correa, que representa al ala izquierda del radicalismo chileno y apoyó en su momento a Bachelet y Lagos, ahora pide ir hacia una alianza con el Frente Amplio, la combativa fuerza surgida del movimiento estudiantil.

Crítico de la Concertación y la Nueva Mayoría, Correa pide una reestructuración de la centroizquierda. "Uno tiene que reconocer que los tiempos han cambiado. La Concertación no tiene ninguna opción hoy día de instalarse en un país donde mayoritariamente la gente dice que quiere cambios estructurales. Esta lógica de avanzar en la medida de lo posible o sobre la base de meros conceptos, es una etapa ya superada", afirma con voz baja y tono parsimonioso.

¿Cómo analiza el proceso eleccionario que terminó con el triunfo de Piñera?

Sin duda el escenario es complejo, hay que ser muy autocrítico en cuanto a que el resultado que finalmente se dio no fue el esperado. Si bien en la primera vuelta se logró configurar un cuadro en donde el mundo progresista era mucho más que la derecha, no fuimos capaces de capitalizar ese caudal electoral y que se viese reflejado en un apoyo masivo en segunda vuelta en favor de la candidatura de Alejandro Guillier. Ahora llegará el momento de hacer los análisis más en detalle, pero ciertamente el escenario hoy día permite vislumbrar que hay una parte importante del país que finalmente siente la necesidad de avanzar en reformas estructurales en Chile, pero que necesariamente esto tiene que tener ciertos grados de certezas que permitan mantener una estructura que se explique y dé respuestas por sí sola. La incertidumbre o la sola declaración de propuestas no es suficiente y en ese marco hubo una respuesta por parte del electorado.

Uno tiene que destacar algunas cosas positivas. Una de ellas es el tremendo liderazgo que logró ejercer Guillier. Y lo hizo en una coyuntura donde el país ha cambiado mucho y él tuvo la capacidad de leer muchas de las cosas que están sucediendo y que finalmente explicaron el resultado de Beatriz Sánchez con el Frente Amplio, por ejemplo. O que nosotros hayamos logrado pasar a segunda vuelta tomando determinaciones que si bien no fueron compartidas por muchos nos permitieron pasar a segunda vuelta. Uno tiene que sacar experiencias de esto, y lo que hay que tratar de hacer es converger todas las fuerzas del mundo progresista, tratar de establecer un canal de comunicación que nos permita establecer una oposición como corresponde.

¿Entre los factores que explican la derrota pesó más una candidatura que no terminó de atraer a todo el progresismo o el desgaste de la gestión?

Atribuir el resultado a una sola causa francamente sería un análisis muy pequeño, esto más bien tiene un origen multicausal. No nos olvidemos que la Nueva Mayoría presentó finalmente dos candidaturas (la Democracia Cristiana fue por afuera), que la coalición de gobierno se vio atravesada por un proceso que nunca había ocurrido. El hecho de no haber tenido primarias sin duda que perjudicó abiertamente la visibilidad que cualquier candidatura nuestra pudiera haber tenido, no solo desde el punto de vista mediático y comunicacional porque nos invisibilizó en un momento en que las candidaturas de Piñera y Sánchez se instalaron. Esa misma situación nos obligó además a salir a buscar firmas para inscribir una candidatura, cuestión que en un marco de primarias no hubiese sido necesaria, y obviamente ahí perdimos un tiempo valioso que nos obligó a trabajar en una dinámica en la que nunca lo habíamos hecho.

No voy a negar que hubo muchas complejidades, particularmente en la primera etapa. Fue una campaña donde hubo que recolectar firmas, donde el fuego amigo particularmente no jugó un buen rol, donde muchos no leyeron el cambio que estaba sucediendo en el país -donde la inmensa mayoría sí quiere avanzar en reformas estructurales-, y por otra parte un tema que no deja de ser importante que fue la falta de recursos. Ahora, repito, uno tiene que sacar experiencias positivas de esto, es un proceso de aprendizaje permanente y uno de los temas que destaco es el liderazgo que logró ejercer Guillier. Lo importante no es solo que sea un proceso de aprendizaje, sino que además uno logre efectivamente recoger algunos elementos para ponernos en perspectiva positiva el día de la mañana.

¿Coincide con la crítica de algunos analistas acerca de que Guillier se terminó desdibujando en su corrimiento hacia la izquierda en la segunda vuelta, y que descuidó el centro?

Hablar del centro político como un dogma yo no lo comparto. No es que te hayas acercado mucho a la izquierda en este afán de hacer gestos al Frente Amplio. Ni tampoco que te hayas acercado al centro para evitar el avance de Piñera. Si tu analizas el elector de lo que se denomina centro, es un elector que sí quiere gratuidad en la educación para sus hijos, sí quiere que el país avance en una agenda más progresista, sí quiere reformas previsionales sustantivas. Pero también ese mismo elector quiere certezas a la hora de crecimiento, del empleo y, quizás una de las fallas nuestras en la campaña, es que no supimos instalar que el crecimiento económico no es sólo patrimonio exclusivo de la derecha. Los mayores avances en materia de crecimiento económico se han experimentado en los gobiernos de la centroizquierda chilena. 

Quizás nos faltó ese componente, a eso me refería cuando señalaba que nos faltó entregar certezas de que efectivamente éramos capaces de avanzar en una agenda mucho más progresista con avances y reformas estructurales, como lo hizo Bachelet pero también trabajar fuertemente en solidificar los cimientos para tener un crecimiento importante. Pero además, que fue el valor agregado que nosotros dimos, un crecimiento que no sólo permita el crecimiento económico por sí solo, sino además que entregue empleos decentes y que permita que alcance a todas las familias y no que un porcentaje ínfimo del país se vea favorecido y que la inmensa mayoría de los chilenos nunca sepa qué pasó con el crecimiento.

¿Esa agenda de reformas estructurales está en riesgo con Piñera? Lo que se dice en su entorno es que los chilenos de alguna manera las rechazaron y ratificaron el modelo

No, no, por favor. Ese es un análisis bastante miope, pensar que a razón del resultado de la elección los chilenos no quieren reformas. Estos son temas que están en el Congreso, donde nosotros tenemos que tener la capacidad como mundo progresista de defender esas reformas, avanzar con ellas. Y como bien dijo Guillier nosotros esperamos que Piñera, que asumió algunos compromisos de nuestra plataforma, los cumpla. Que honre su palabra a la hora de, por ejemplo, avanzar con la gratuidad de la educación superior.

Uno no puede poner en riesgo la institucionalidad de un país a razón de un cambio de gobierno, más bien lo que tenemos que procurar es defender lo que se ha avanzado y ciertamente tener la capacidad de sacar lecciones de esta tremenda experiencia y ponerlas en perspectivas positivas.

Respecto a esa promesa de Piñera, probablemente lo haya hecho en un contexto de debilidad, ¿cree que el resultado del ballotage le da mayor margen político para ir más a fondo?

Esa es una pregunta para hacerle a Piñera. Lo que sí puedo garantizar es que (y esto es independientemente de quién resultara el ganador) en el Parlamento las mayorías no están afianzadas, no están garantizadas y por lo tanto va a tener que haber un proceso de mucho diálogo.

¿Cómo ve el futuro de la Nueva Mayoría? Desde afuera se ve que va hacia una crisis

Yo no soy crítico por sí solo de lo que fue la otrora Concertación o la Nueva Mayoría. Uno tiene que reconocer que los tiempos han cambiado, que en su momento la Concertación le entregó mucho a este país, que la Nueva Mayoría hizo lo propio, pero el país cambia. Y los partidos políticos tienen la obligación de adaptarse a esos cambios. Y las coaliciones tienen una obligación mayor. Yo siento que lo que la Concertación pudo haber hecho, ya fue. La Concertación no tiene ninguna opción hoy día de instalarse en un país donde mayoritariamente la gente dice que quiere cambios estructurales. Esta lógica de avanzar en la medida de lo posible o sobre la base de meros conceptos, es una etapa ya superada. Y lo que fue la Nueva Mayoría, lo mismo.

Tenemos que ser capaces de leer lo que está pasando en el país, los partidos tienen que avanzar en un proceso de reestructuración interna importante, sintonizar mucho más con la ciudadanía, leer mucho más lo que está pasando en la calle, ser capaces de volcarnos nuevamente a lo que nos da origen y vida que es representar a la ciudadanía. Ya llegará el momento de establecer cuál va a ser ese marco que nos va a permitir hacerlo, yo no me cierro a la opción de establecer diálogo con ninguna fuerza del mundo progresista, al contrario. Sigo reafirmando que somos más quienes concebimos un país con un corazón progresista importante que les da respuesta a los chilenos en cuanto a lo que necesita, pero también le tiene que otorgar certezas. Ese es un tema en el que tenemos que avanzar.

Con Bachelet autoexcluida para volver al gobierno, ¿se puede decir que existe una crisis de liderazgo en la Nueva Mayoría?

Hablar de crisis de liderazgo a tan poco de la elección, es un poquitito apresurado. La política es muy dinámica, hay que esperar a ver cómo evoluciona. Y no me cabe la menor duda de que van a emerger liderazgos significativos, que existen. Pero vuelvo a repetir: eso se irá adecuando en función de la dinámica con que la política se desarrolle. Tengo la firme convicción de que vamos a ser capaces de consolidar las reformas que este gobierno valientemente instaló, tenemos que defenderlas no solo en cuanto a su permanencia sino además en su avance. Y ya llegará el tiempo de debatir liderazgos.

Volviendo a lo que decía anteriormente, ¿ve un escenario de acercamiento con el Frente Amplio o más bien una disputa por el electorado?

Te garantizo que son más los elementos que nos convocan que aquellos que nos dividen. Sin duda tenemos muchas más situaciones que nos acercan que las que nos separan. Por lo tanto, no tengo la menor duda de que vamos a ser capaces de establecer alianzas estratégicas que nos permitan avanzar hacia el país que necesitamos. Esa es la lectura política y ese es el rol de los partidos: dialogar. En ese contexto, yo soy de los que sostienen que no podemos cerrarle la puerta a ningún diálogo con las fuerzas progresistas, al contrario tenemos que abrir esas puertas, construir esos puentes que nos permitan trabajar en conjunto a fuerzas que tenemos una mirada común, con elementos y objetivos comunes, aunque quizás con matices.

¿Y cómo evalúa el papel del Frente Amplio en la segunda vuelta? Algunos sectores de la Nueva Mayoría le reclamaban un apoyo más firme a Guillier, sobre todo viendo cómo se abroqueló rápidamente la derecha detrás de Piñera

Creo que ellos hicieron un esfuerzo importante, hay que reconocerlo. El resultado de la votación no se explica sólo por el hecho que todo el Frente Amplio no se haya volcado a las urnas, nadie es dueño de los votos. Pero sí hubo un acto de generosidad política por parte de los líderes del FA a la hora de señalar que iban a votar por Guillier toda vez que entendían que era el camino para seguir avanzando con los cambios que el país necesitaba. En esa lógica, más que cuestionamientos, yo valoro el esfuerzo que se hizo. Nadie es dueño de los votos, nadie ordena a su electorado, más bien uno le da indicios de por dónde tiene que ir.

Se repite que el surgimiento del Frente Amplio plantea la posibilidad de una división de las fuerzas progresistas que le termine facilitando las cosas a la derecha, algo similar a lo que sucede con Podemos y el PSOE en España

Por eso digo que uno tiene que sacar experiencias de lo vivido y no solamente de las experiencias propias sino también de las ajenas, en este caso España. Uno de los temas que afortunadamente logró despejarse es que esta mala relación entre el PSOE y Podemos permitió que la derecha se afianzara. Aquí hubo un esfuerzo importante por parte de los líderes del Frente Amplio y en eso uno tiene que reconocerle valor. Hay que tener una mirada de mediano y largo plazo que nos permita establecer alianzas estratégicas. Siempre he señalado que son más los elementos que nos unen, por lo tanto soy un convencido que tenemos la responsabilidad de establecer esos canales para trabajar por el bien de Chile en el futuro.

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