Marco Kremerman29.10.2017(1)
"Si gana Piñera, Chile va a agudizar las políticas neoliberales"
Por Marcia Dell´OcaEl economista de la Fundación Sol es una de las voces mas persistentes en señalar el lado oscuro del modelo chileno.

 En un país que lleva décadas de política neoliberal en materia económica como Chile, Marco Kremerman emerge como una voz alternativa que advierte los límites y riesgos de ese modelo. Economista heterodoxo e investigador de la Fundación Sol, accedió a conversar con LPO acerca de los principales desafíos que enfrenta el país trasandino, que en veinte días votará nuevo gobierno.

El ex presidente Piñera encabeza por amplio margen los sondeos para las elecciones del próximo 19 de noviembre y el eje de su discurso es la crítica al estancamiento de la economía chilena que según su visión provocó Bachelet. ¿Qué puede esperarse en materia de política económica si gana?

Si Sebastián Piñera sale electo nuevamente presidente es muy probable que las políticas económicas sean las neoliberales clásicas que se han implementado en Chile en las últimas décadas, pero más agudizadas. Por ejemplo, en materia tributaria, Piñera ya ha anunciado que va a bajar los impuestos a las utilidades de las empresas. Este anuncio es muy importante porque como nuestro sistema está integrado -vale decir que los impuestos sobre las utilidades de las empresas sirven de crédito para los impuestos personales de los empresarios-, puede continuar favoreciendo a la acumulación de grandes capitales.

En el actual gobierno de la presidenta Bachelet se logró hacer una desintegración parcial de estos impuestos para romper con esta lógica de que las empresas se quedan ancladas con los impuestos, pero no sus dueños. Lo anunciado puede tener repercusiones importantes manteniendo la tendencia de Chile a tener una distribución del ingreso muy desigual.

¿Y quién sería el encargado de conducir la política económica?

Hay un equipo económico que está trabajando con el ex presidente Piñera y de ahí podrían salir el ministro de Economía y de Hacienda. Está el ex ministro de Hacienda de su gobierno, Felipe Larrain, también Rodrigo Vergara, que hace un tiempo atrás formaba parte del Banco Central; José Ramón Valente, que es un economista vinculado a las pensiones privadas, que en Chile se llaman AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones); Juan Andrés Fontaine, que también fue ministro de Economía del ex presidente. De este equipo van a salir los ministros de Hacienda y de Economía.

Ninguno de ellos tiene un sesgo productivista, todos ellos provienen de las finanzas, las AFP y de organismos financieros multilaterales y muchos de ellos están vinculados a la Universidad Católica de Chile y cercanos a la Escuela de Chicago y su teoría monetarista tradicional. Este es el perfil del equipo económico de Piñera.

El equipo económico de Piñera está integrado por gente que viene de las finanzas, las AFP y los organismos financieros, todos vinculados a la Universidad Católica de Chile y la Escuela de Chicago y su teoría monetarista tradicional.

Usted fue pionero en las críticas a las AFP, que hoy se han extendido por la desilusión que provocó lo bajo de las jubilaciones ¿qué reformas habría que hacerle al régimen?

Chile no tiene un sistema de pensiones basado en los principios de la seguridad social, sino que tiene como pilar central las cuentas individuales bajo la lógica de la capitalización individual a cargo de las AFP. Chile es uno de los pocos países del mundo que no tiene ningún tipo de reparto y eso hace que la jubilación de la mayoría de los chilenos y chilenas esté en constante vulnerabilidad.

Y esto no es solo un problema ideológico sino que ya se está convirtiendo en uno material, vale decir que la mayoría de las personas que hoy día recibe una pensión de una AFP o un seguro de renta vitalicia está recibiendo una pensión que no alcanza para vivir. Y se proyecta que para los próximos años el 99% de los pensionados estará cobrando un monto inferior al salario mínimo, que en el caso chileno es muy bajo.

Uno de los elementos que sirve para definir si un sistema de pensiones cumple el objetivo para el que fue creado es la tasa de reemplazo, vale decir cuánto obtiene una persona por su pensión en relación a lo que ganaban cuando trabajaban. Hoy día la tasa de reemplazo promedio en Chile es de un 20%. Es decir que la mitad de los pensionados está obteniendo una tasa de reemplazo inferior al 20% del salario que ganaban los últimos años antes de jubilarse. Esto es muy grave.

Ese número es muy bajo. ¿Cuántos años de aportes llevan a esa tasa de reemplazo?

Hoy día la tasa de aporte promedio es de 20 años, que no es alta. Sin embargo, el Estado está agregando un subsidio para que esa tasa de reemplazo suba en promedio al 35%. Pero esto es una paradoja: el Estado está subsidiando al sistema privado en lugar de un sistema de reparto. Aun así, entre aquellos que tienen una elevada densidad de aportes y han aportado durante 30 a 35 años, la mitad está recibiendo una pensión inferior al salario mínimo, es decir un ingreso de 243 mil pesos chilenos (385 dólares o 6855 pesos argentinos) frente a un salario mínimo de 270 mil pesos chilenos (428 dólares o 7620 pesos argentinos).

Kremerman en la puerta de las oficinas de la Fundación Sol en el centro de Santiago.

En Argentina la jubilación mínima está en $7246, unos 410 dólares, y eso para los que completaron los 30 años de aportes y el sistema tampoco es sustentable, es deficitario y el Estado también tiene que destinar parte de la recaudación para cubrir las jubilaciones. Por eso en los próximos años se va a discutir una reforma. ¿Subir la edad jubilatoria es una solución? ¿Qué lecciones de la experiencia chilena tendrían que tener en cuenta a la hora de rediscutir el sistema argentino? ¿Y cuáles del caso argentino aplicarían al sistema chileno?

Lo primero es que los sistemas que tienen como columna vertebral la capitalización individual, como es el caso chileno, no funcionan. Sirven para capitalizar a los grupos económicos, para favorecer a las empresas, pero no para favorecer a los pensionados. Eliminar el sistema de reparto es una tragedia fundamental. Los países se quedan sin seguridad social y es el Estado el que al final tiene que empezar a intervenir, cuando los sistemas de capitalización se habían creado para que los Estados tuvieran menos presión. Es paradojal. Con el correr de los años, conforme el sistema tiene más pensionados es más lo que se tiene que subsidiar y más lo que se presiona al Estado para que las pensiones no sean tan bajas. Es lo que está sucediendo en Chile.

Eliminar el sistema de reparto en las jubilaciones es una tragedia fundamental. Los países se quedan sin seguridad social y al final el Estado igual tiene que intervenir para subsidiar a los privados para que las pensiones no sean tan bajas. 

Es por eso que son solo diez países los que tienen este sistema puro. En la región, Chile, República Dominicana, El Salvador y México y en todos estos países se está dando la misma discusión por los mismos problemas. Se van generando fondos previsionales cada vez más interesantes en términos del PBI, que van dinamizando el mercado de valores y compran más papeles de deuda del Gobierno, pero que no van a permitir tener buenas pensiones.

En el caso chileno, el fondo que manejan las AFP suma 200 mil millones de dólares, pero aun así se proyecta que las pensiones que va a poder pagar son bajas. De acuerdo a la OCDE, de los seis países que menores tasas de reemplazo tienen en la región, cuatro de ellos son los que nombré.

En síntesis, estos sistemas sirven para que haya disponibilidad de capital en abundancia para las grandes empresas, pero no sirven para cumplir con el objetivo central de un sistema de pensiones, que es pagar buenas jubilaciones.

¿Y qué opina sobre la suba de la edad jubilatoria?

Si estamos hablando de un sistema de reparto en el que algunos, y de forma voluntaria, decidan seguir aportando por más tiempo, me parece que es una señal de que el sistema está funcionado correctamente. Ahora, bajo la lógica privatizadora, lo que se hace es trasladar a las personas el costo del envejecimiento de la población: lo que se está diciendo es que la promesa de una sociedad capitalista que produce más riqueza para trabajar menos y vivir mejor, falló. Al final, las personas con este sistema van a recibir menos, tienen que trabajar más e incluso seguir trabajando una vez pensionados. Se ha traicionado la promesa de una vejez más tranquila.

La lectura preponderante del estancamiento de la economía chilena es que Bachelet se quedó a mitad de camino en las reformas que quiso implementar, dio señales contrarias a la inversión extranjera directa (IED) y por eso vio caer el impulso externo, pero tampoco resultó suficiente el giro en la apuesta a la redistribución y un impulso al consumo interno. ¿Comparte el diagnóstico?

El diagnóstico es que se trató de hacer cambios importantes en términos del modelo económico, pero no se lograron concretar tanto por la heterogeneidad de la coalición de gobierno, como por algo que se conoce como "huelga de capital", los capitales concentrados de Chile al ver en los titulares medidas que podrían horadar sus ganancias decidieron retirar el pie del acelerador de la inversión hasta tanto tener claras las reglas del juego.

Es lo que se conoce como "inversión ideológica" en términos académicos: los empresarios acompañan con inversiones las políticas económicas que van en línea con lo que ellos consideran que debe hacerse. Con los titulares de la reforma laboral, la reforma tributaria y la constitucional, que al final no se hizo, y algo de la educacional, y con el discurso que fue muy de fondo en términos de la filosofía de la reforma, el empresariado reaccionó bastante fuerte incluso si las reformas terminaron siendo bastante leves e incluso a veces contradictorias.

Bachelet intentó hacer cambios importantes en el modelo económico, pero no los logró concretar por la heterogeneidad de su coalición de gobierno y la "huelga de capital" que le hicieron los capitales concentrados de Chile.

Si a esto le sumamos que Chile es una economía muy dependiente de las commodities como el cobre, que tuvo un súper ciclo que comenzó a deteriorarse años atrás y el precio bajó ostensiblemente durante el gobierno de Bachelet. Se reunieron así una serie de condiciones nacionales e internacionales que horadaron la capacidad de crecimiento de la economía chilena.

Sin embargo, hay un último elemento que es el más importante para mí y el que menos se menciona por parte de los economistas neoliberales -pese a que sea una tesis planteada en su momento por el Fondo Monetario Internacional- y es que el crecimiento tiene un límite cuando hay elevados niveles de desigualdad, que es lo que está pasando en Chile en mi opinión: la mayoría de los trabajadores y las trabajadoras está recibiendo menos de 350 mil pesos chilenos líquido (en mano), lo que es menos de 550 dólares por mes. Eso es muy poco en relación al costo de vida.

Hay un fuerte proceso de contención salarial. Los salarios han crecido muy poco en la última década. Se han creado puestos de trabajo, pero precarios. Chile está dentro de los 20 países más desiguales del mundo, de los que se tiene medición. El 1% del país se lleva un tercio de los ingresos de Chile, mientras que en Holanda el 1% se lleva el 6% de los ingresos, según datos del Banco Mundial.

Y esto a la vez incluye un segundo elemento que es la matriz productiva, que genera que no podamos crear empleo de calidad. El 70% de los puestos creados en los últimos siete años fueron terciarizados, suministro de trabajadores, subcontratación o empleo independiente de baja calificación y pocas horas. Esto marca que Chile sigue teniendo una matriz productiva anclada en el extractivismo, con muy poco valor agregado: el cobre, la celulosa, el pescado, el salmón; y los servicios, pero también con muy poco valor agregado como el retail, el comercio, que paga muy bajos sueldos. 

¿Considera que una reforma educativa que incorpore la gratuidad de la educación superior podría romper este techo para el crecimiento?

En general, lo que se ha estudiado es que una buena educación, ojalá gratuita, en el mediano y largo plazo puede incidir una mejor distribución del ingreso. Pero en el corto plazo, la principal política para mejorar la distribución del ingreso y reducir la desigualdad son aquellas que están insertas en el espacio de la producción, vale decir reglas de juego donde empleador y empleado tengan un vínculo un poco más simétrico que el que hoy existe en Chile.

Aquí, para la negociación entre empleador y sindicatos rigen las leyes que se crearon en el año 1979, es decir en plena dictadura, que permiten negociar solo dentro de la empresa, no hay negociación única por rama de industria.

Aquí se creó una huelga que no paraliza, vale decir, en primera instancia se creó una huelga en la que los trabajadores pudieran ser reemplazados y el actual gobierno de la presidenta Bachelet elimina el reemplazo, pero a la vez crea nueva figuras legales como el servicio mínimo que permite que cualquier empresa tenga garantizada una cantidad de los sindicalizados trabajando para que la empresa siga funcionando, una especie de rompehuelgas legal garantizada por una política de Estado. Y no solo los servicios estratégicos o que puedan comprometer la salud... Esto elimina el sentido mismo de la huelga, que es que dañe y obligue al empresario a decir."Bueno, tengo que sentarme a negociar".

Aquí en Chile es bajo el nivel de sindicalización, hay muy pocos sindicatos, hay pocas negociaciones colectivas y los resultados son muy malos, se logra muy poco. Por ende, hay muy pocos espacios para que se genere una redistribución en el espacio de la producción porque el modelo de relaciones laborales está cargado completamente en favor del capital.

Por otro lado está la redistribución del ingreso, que opera en la mayoría de los países a través de los sistemas impositivos. Hay países como Alemania que tienen una muy mala distribución del ingreso antes de impuestos, pero que después de impuestos se reduce a la mitad, vale decir que el sistema tributario mediante una recaudación progresiva logra reducir ostensiblemente la desigualdad que se produce en el ámbito de la producción. En Chile, la desigualdad antes y después de impuestos es la misma.

En Chile el nivel de sindicalización es bajo, hay pocas negociaciones colectivas y esto genera desigualdad en el reparto del ingreso. Tenemos un modelo laboral completamente cargado en favor del capital.

Nuestro sistema tributario es regresivo, es pro-rico, donde la principal herramienta de recaudación es el IVA, un impuesto indirecto que grava a los bienes y servicios con el 19%. Los hogares que más de sus ingresos destinan a comprar bienes y servicios son los de menores recursos por su baja capacidad de ahorro. El IVA es el principal ingreso de Chile, no son los impuestos a las empresas, no es el cobre como suele decirse (con la minería privatizada, la producción del cobre deja muy poco dinero al país).

Tenemos estos dos conductores -clásicos en la literatura- que sirven para mejorar la distribución del ingreso: sindicatos fuertes y un sistema tributario progresivo. Y en Chile ambos están desactivados y por eso es tan difícil que la desigualdad disminuya de nivel.

¿Qué medidas hacen falta para retomar el crecimiento y recuperar el flujo de inversión extranjera directa?

En Chile cada vez que hemos tenido una desaceleración, nos hemos preguntado qué hace falta para retomar el crecimiento porque volver a crecer es lo primero. Y sin embargo hemos tenido muchos años de crecimiento sin que esto se traduzca en menor desigualdad. Y eso es porque hemos tenido un mal crecimiento, que es lo que hoy día nos tiene en una situación tan compleja, porque ha amenazado la sustentabilidad del crecimiento futuro al pagar salarios muy bajos.

Entonces, lo importante en Chile en esta etapa no es que llegue mayor cantidad de Inversión Extranjera Directa, sino que las inversiones que lleguen sean de calidad. En la medida que decimos "hay que crecer como sea", la IED que llega es una inversión que comienza a colocar sus propios términos y a tener un impacto importante sobre las políticas que se diseñan en Chile, restándole soberanía al país, en línea con las élites económicas chilenas y la clase política que ha gobernado en las últimas décadas.

Por el contrario en Argentina venimos de una economía con sistema de reparto, sindicatos fuertes, escasa IED, estancamiento en términos del PBI per cápita, no tenemos tal vez la desigualdad de Chile, pero más pobreza...

Hace un tiempo nosotros sacamos un estudio que generó bastante interés en los medios de comunicación, donde complejizamos la medición de la pobreza. Hoy día la pobreza en Chile está en torno al 13 o 14%, pero cuando aislas los subsidios del Estado y el "alquiler imputado" -una metodología muy importante aquí que le asigna a las personas un ingreso equivalente a un alquiler por tener vivienda propia (o bien si la están pagando), solo por no tener que pagar arriendo aunque no tenga ingresos y viva con $0, que lo deja por encima de la línea de la pobreza-, cuando se depura la medición de estos conceptos, la pobreza en Chile llega al 27%.

Con casi 30% de pobreza, tenemos otro país, claramente. Y la discusión se hace mucho más compleja y tiene otras aristas. No sé bien cómo se mide la pobreza en Argentina, si se imputa alquiler o no y si son mediciones comparables.

Precisamente hace poco tiempo un sociólogo argentino, Daniel Schteingart, sacó un artículo en el que medía la pobreza de Argentina, cuya última medición daba 30,3% de acuerdo a nuestra metodología, y la volvía a medir con la metodología de otros países. Y por ejemplo, con la de Chile le daba 12,6%, cuando en Chile en 2015 era de 11,7%. ¿Cómo se explica que tomando dos caminos económicos tan disímiles, uno con apertura y libremercado, el otro con cepo cambiario y economía cerrada, ambos países estemos convergiendo en números similares de pobreza?

Es muy interesante el tema de la convergencia. Merece una buena revisión.

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eso sera muy bueno NEO ESTUPIDO!!!