Levy Yeyati08.10.2017(4)
"Es más difícil resolver el déficit de inclusión social que el de infraestructura"
Por Marcia Dell´OcaDirige el programa Argentina 2030, un espacio creado para analizar los desafíos de largo plazo de la Argentina.

Eduardo Levy Yeyati preside el programa Argentina 2030, un espacio destinado a pensar los desafíos del país de largo plazo. Ingeniero, especializado en economía, junto con los 24 intelectuales que integran el Consejo Presidencia, viene estudiando los problemas de la automatización para el mercado laboral del futuro, los caminos de crecimiento y desarrollo económico que atravesaron otros países y que podrían servirnos de guía para construir una sociedad más ecuánime.

En su despacho en el edificio de la Avenida Figueroa Alcorta, el decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, recibió a LPO para debatir sobre los desafíos de un país potencialmente rico, pero que tiene un tercio de su población en la pobreza.

¿Cuáles diría que son los desafíos estructurales más urgentes?

Desde lo social, hay dos que están relacionados: tenemos un nivel de pobreza alto y con visos de ser estructural. Parte de esta pobreza es muy difícil de modificar porque, más allá de las buenas intenciones, el grado de movilidad social en la Argentina es bastante bajo. El que nace pobre tiene altas chances de terminar pobre. Y, dado que los hogares más pobres tienen más hijos, nosotros tenemos más pobres jóvenes. Por lo tanto, si no actuamos rápido sobre este problema de movilidad social no vamos nunca a acercarnos a esta meta de la pobreza cero.

El segundo déficit está asociado a esto y yo lo llamaría de formación, más que de educación. Nosotros tenemos una fuerza laboral de calificación media-baja en su mayoría, en empleos generalmente rutinarios, fácilmente reemplazables que, si uno juzga en base a lo que está sucediendo en otros países, están expuestos a la sustitución tecnológica, pero también al aumento de productividad. Si la industria argentina aumenta su productividad y se vuelve competitiva, como yo creo que lo va a hacer, lo va a lograr no necesariamente creando empleo. Y esto genera un déficit de empleo. Como se ve, los dos están relacionados porque salvo que pensemos en vivir conteniendo a la pobreza a fuerza de planes, cosa que es insostenible, pero aparte moralmente no es un objetivo, necesitamos crear trabajo. Este es nuestro gran desafío: Argentina es un país que tiene problemas para crear trabajo y los va a tener a futuro.

Si la industria argentina aumenta su productividad -y lo va a hacer- y se vuelve competitiva, lo va a lograr no necesariamente creando empleo. Y si no lo resolvemos, vamos a tener crecimiento con una sociedad inequitativa, que produce sus propios conflictos.

Estas son, diría yo, las dos grandes condiciones de viabilidad de un proceso de desarrollo inclusivo. Si no, puede haber crecimiento, pero vamos a seguir teniendo una sociedad inequitativa, que genera sus propios conflictos internos.

Recientemente en una charla el director del fondo Axis, Carlos Planas, decía que "los algoritmos son el Uber de las finanzas" y que el tema del reemplazo del trabajador por la tecnología pega transversalmente en todas las clases sociales y puede convertir a un trabajador de elevada capacitación en obsoleto rápidamente.

En primer lugar, hay que aclarar que cuando uno habla de "robotización" no habla de robots con tuercas y brazos de metal, sino de programas, por lo que en realidad se habla de "automatización" más que de "robotización". Hoy el término se usa más figurativamente. Los primeros programas que sí eran robots -metal con un software encima- reemplazaron originariamente a los que realizaban tareas rutinarias y de calificación media y media-baja. Hoy están yendo por todos: tenés traductores online, contadores online, gestores de fondos como decía Carlos Planas -JP Morgan y Black Rock ya están invirtiendo en algoritmos con los que sustituir a sus traders- y ya hay high frequency trading... Está el libro "Flash Boys", que también se hizo la película y cuenta la historia de los matemáticos rusos que armaron estos algoritmos que ahora hacen trading solos.

La automatización se está moviendo hacia reemplazar trabajadores de todos los niveles de sofisticación, la diferencia es que aquel que está educado puede cambiar, pero al que tiene baja formación le cuesta reconvertirse. Entonces, al trabajador industrial, manual, cuando pierde su trabajo le cuesta mucho volver a encontrar otro en el que no sufra una merma importante de ingresos.

En un distrito de ingresos altos y medios como lo es la Ciudad de Buenos Aires, uno de los últimos informes de la Dirección de Estadísticas y Censos señalaba que cerca del 30% de la población estaba sobrecalificada para las tareas que desempeñaba, pero que su sobrecalificación era en rubros subdemandados; y por el contrario, los sectores que más demandan mano de obra calificada no la consiguen porque falta oferta y no hay reconversión de un sector al otro. 

Nosotros acá en el Centro de Evaluación de Políticas Públicas dentro de la Escuela de Gobierno de la Di Tella, junto a Martín González-Rozada, reprodujimos ese trabajo para todo el país. En un principio pensamos: "el problema es que en Buenos Aires hay demasiados ingenieros". Y no, ese nivel de sobre-educación o sobre-calificación se observa en todas partes del país. Y lo peor es que ha crecido. De hecho, lo que sucedió es que a medida que aumentó la cantidad de universitarios y secundarios, la calificación promedio de los trabajos subió, pero mucho menos. Entonces la oferta no creó toda su demanda.

La oferta de educación la mayoría de las veces no crea toda su demanda. Entonces, no basta con decir "Eduquemos" - y desde luego que hay que educar-. Solo formando ingenieros no vas a obtener más empleos para ingenieros. Posiblemente lo que suceda es lo que vemos ahora: más sobre-educación. Está ese ejemplo del ingeniero que  maneja un taxi.

Lo que hay que hacer es promover la educación y también promover sectores que generen empleo que se corresponda con ese nivel de educación. Esta segunda parte es la más difícil.

El presidente del Banco Mundial visitó hace poco la Argentina para dar una charla sobre los empleos del futuro, pero casi no se tocó el tema de los trabajadores con una formación que en el futuro no va a ser necesaria. ¿Cómo se inserta en el nuevo mercado laboral la educación tradicional prusiana que prepara a los jóvenes para un mundo del trabajo en el que uno se forma para ir por un carril y luego el cambio de andarivel es muy costoso? Digo, ¿qué pasa cuando "M'hijo, el dotor", formado durante años para ser eso, se encuentra cuando llega que ya no hay demanda de doctores?

Yo no lo veo como andariveles, más bien veo al sistema educativo como una gran autopista sin salidas ni colectoras. De los que entran al secundario, se reciben en tiempo y forma el 40%, pero para ese 60% restante que no se recibe, no hay colectoras. Luego la mayoría de ese 40% entra a la universidad -que es gratuita, abierta, democrática- y de ellos se recibe el 25%. El 75% que no se recibe no tiene colectoras, ¿a dónde va? Tener dos o tres años de una carrera incompleta no le agrega tanto valor en el mercado laboral al trabajador. En inglés se denomina "signaling effect" y está medido: El título vale.

Tenemos un sistema educativo sin colectoras. De lo que entran al secundario se reciben en tiempo y forma el 40% y de esos sólo el 25% termina la universidad. ¿El 75% que no se recibe a donde va? 

Entonces, a nivel educativo hay que hacer dos cosas: una, aggiornar los programas y la forma en la que se imparten esos programas. Más alrededor de conocimientos y problemas y menos en torno a materias, al menos en el secundario. Y en la universidad, tener un abordaje más cercano con el mercado laboral. Pero además, hace falta crear las colectoras. No todos nos vamos a recibir de ingenieros, no todos vamos a ir a la universidad.

¿Qué les ofrecemos a los que no se recibieron, que en definitiva son la mayoría? Necesitamos un sistema dual, que le permita una certificación por una formación corta a la salida del secundario. Una carrera corta universitaria, un título intermedio. Formación profesional a cargo de empresas y sindicatos. Hay un menú de cosas que no están desarrolladas, que son las colectoras que le tenemos que ofrecer a la gente que sabemos estadísticamente que no va a llegar al final de la autopista.

¿Cuál de estas salidas y reingresos a la autopista es más urgente en su opinión?

Para mí esto hay que pensarlo en términos de flujos y de stocks. Tenemos un problema de flujos en que estamos formando mal a los trabajadores del futuro. Entonces por ese lado hace falta reformar el secundario, ver cómo hacer para retener a los estudiantes dentro de la autopista, y además -no sé si a nivel secundario, o después, pongamos que mejor después- carreras cortas de entre uno y tres años. Incluso dentro de la universidad debería haber diplomaturas breves, como los Community Colleges en Estados Unidos o las Universidades Populares en España. Hasta ahí el problema de flujos, de los trabajadores futuros.

El otro es un problema de stocks. Los que tienen entre 25 y 50 años no van a volver a la escuela. ¿Qué les ofrecemos? A ellos tenemos que darles formación profesional. La inmensa mayoría de los próximos quince años ya está jugada, está afuera del sistema educativo. Por eso hace falta un sistema de formación profesional que proteja a todas estas personas, de los cambios en el aparato productivo y dentro de cada rama, del desplazamiento tecnológico de trabajadores. Con mantenerlas suficientemente aggiornadas es suficiente. No vamos a mandar a esta gente nuevamente a la escuela. Esa gente ya estudió.

¿Cómo es la oferta educativa Argentina?

En muchos casos lo que define los contenidos es la oferta, es decir, el docente; y no la demanda, es decir, el tipo de conocimientos que se requieren fuera del aula. Los estudiantes estudian lo que el profesor sabe. Y, como en mucho casos el docente no sabe cuáles son las necesidades del mundo fuera del aula, los programas se desactualizan. 

Cuando en realidad debería determinarlos la demanda, de modo que, cuando el mundo cambie, cambie lo que se enseña. Para esto, tenemos que formar al formador, generar incentivos al docente, retribuirle su trabajo y esfuerzo para mantenerse actualizado. 

En ese sentido, estamos en un mal equilibrio. Al docente lo tenemos mal remunerado, desincentivado y ofreciendo un producto inferior al que podría ofrecer. Lo fundamental es cooperar con el docente, formarlo, sin lo cual mejorar la enseñanza es una tarea imposible. 

Todo esto suena muy bien. ¿Pero a cuánto estamos de tener docentes motivados, bien remunerados y actualizados?

Su primera pregunta fue sobre los desafíos estructurales, sociales y económicos, y yo siempre pensé eso en términos de la trampa de los ingresos medios, que asocio más a su aspecto sociológico que al estadístico. Esta trampa, nacida para describir un grupo de países asiáticos, se basa en una regularidad estadística: países que salen de la pobreza creciendo, pero se estancan antes del desarrollo. 

Argentina lleva 100 años en esta trampa del ingreso medio. En parte, esto se debe a que el argentino piensa que ya llegó, quiere volver a una época de riqueza mítica, pero lo cierto es que probablemente nunca llegamos. Por ejemplo, tenemos que invertir mucho más en nuestros chicos, que son nuestro futuro.

Argentina lleva 100 años en la trampa del ingreso medio, países que salen de la pobreza, pero se estancan antes del desarrollo. Para superarlo hay que invertir mucho más en nuestros chicos. ¿Si no, cómo podemos hacer una revolución educativa?

Si hacemos el mapeo del gasto público para las diferentes edades, observamos que en la mayoría de los países desarrollados el gasto está distribuido de manera pareja por edad. El nuestro, en cambio, está inclinado, ponemos menos de lado de los niños. ¿Cómo podemos hacer entonces para tener una revolución educativa? No sólo hace falta la convicción y la destreza técnica -que ya las tenemos, sabemos cómo se hace-, hace falta implementación. Se necesita paciencia, pensamiento de largo plazo, salir del horizonte de la próxima elección. Y también se necesita invertir dinero.

Volvemos al punto de la restricción presupuestaria.

Los economistas aprendemos a administrar recursos escasos. Si no hubiera escasez, no seríamos economistas, seríamos Papá Noel. Tenemos 45% de niños de 10 años debajo de la línea de pobreza y, si queremos que cuando sean adultos una parte de ellos sean de clase media, tenemos que invertir en ellos hoy. Y ese dinero tiene que salir de algún lado. Prioridades.

Porque la economía puede crecer, pero para hacer una revolución educativa que cambie esta baja movilidad social y reduzca la pobreza estructural, se necesitan fondos para formar, educar y acompañar a esta población que si no, serán los pobres de mañana. Nosotros no estamos todavía en una situación de sociedad dual, con una división rígida entre los que están fuera del sistema, y los que están adentro. Pero ése es el riesgo si seguimos como veníamos en los últimos años. Hablamos del narcotráfico y de la criminalidad... pero la sociedad dual es el caldo de cultivo de estos fenómenos que hacen más estructural la pobreza. Por eso, el largo plazo también debe pensarse en términos de dilemas: la política pública también es a elegir bien no sólo lo que se hace, sino también lo que no se hace.

¿En los dos años del nuevo Gobierno, hubo algún paso concreto o proyecto de ley que apunte a dar los primeros pasos en este sentido antes que termine el actual mandato presidencial?

Hay una aspiración reformista, que es lo máximo que puede tener un gobierno. Pero ninguna de estas reformas se hacen en un solo período de gobierno, menos en el caso actual de un gobierno minoritario. Y aun si fuera mayoritario, si se avanzara sin consenso ni debate, un próximo gobierno podría dar marcha atrás. Por eso es esencial crear ese nuevo consenso, porque se necesita el apoyo de la sociedad en el largo plazo. El desafío es dar este debate de forma pública. Esperemos que la sociedad esté madura para abordarlo sin prejuicios, algo que nos ha faltado en la historia reciente.

Sin embargo, durante el kirchnerismo se decidió y se aplicó sin problemas una ampliación del gasto en educación al 6% del PIB.

Durante el kirchnerismo se pudo ampliar al 6% del PBI el gasto en educación porque era una época de abundancia. Ahora hay déficit y es más difícil ampliar el presupuesto educativo.

Pero se dio en un contexto de abundancia en el que a todos se les podía dar más. Me parece bárbaro que se haya ampliado, pero se hizo sin achicar de otro lado. En algún momento cuando se amplía el gasto se choca contra la restricción presupuestaria. Ahora hay déficit -que va a ir bajando- y en este escenario, para ampliar el presupuesto educativo, habría que decidir de dónde se resignan partidas para conseguir los fondos o si se toma deuda para esto, o si se suben los impuestos. Y cualquiera de estas opciones tiene contraindicaciones. Hoy la decisión no es trivial. Hoy es más difícil ampliar el presupuesto.

Hablemos de otro desafío estructural: la infraestructura. El presidente del Banco Mundial dijo que Argentina tiene que incrementar la inversión en infraestructura al 5% por al menos quince años para equipararnos con el resto de la región.

No hice esos números, supongo que están bien porque es verdad que tenemos un importante déficit de infraestructura. A diferencia del caso de la educación y el trabajo, este déficit es uno que solo requiero voluntad y fondos. Y hasta el momento el Gobierno ha puesto de ambos. A partir del año que viene el desafío, la expectativa es que los acuerdos con los privados, los PPP, sean los que aporten los fondos.

La visión es moderna y prospectiva, no es solo cubrir la brecha de infraestructura de la matriz productiva actual, sino pensar también en la producción a futuro. Por ejemplo se está invirtiendo en energías renovables.

También hay un plan de conectividad nacional, con el que se busca terminar la última milla del tendido de fibra óptica que se hizo en los últimos diez años, para dar conectividad a todo el país, lo que es casi tan importante como hacer rutas.

¿Cómo se concibe la infraestructura al futuro?

La infraestructura es un insumo de la producción que se puede medir en términos de costos de logística, de tiempos de transporte. Cuando mejora la infraestructura, bajan los costos y se gana competitividad. Esta es la visión. Se debe poner la infraestructura necesaria para que surja la producción, y a veces puede no surgir; pero la infraestructura es una condición necesaria. 

Por ejemplo, casi todo en transporte tiene que ver con mejorar la distribución. O las low-cost, que permiten conectar localidades que en su mayoría van a vivir de actividades relacionadas con el turismo. Buenas low-cost con rutas que no sean muy caras puede ser mucho más poderoso que un Plan Belgrano si te descuidás, porque estás trayendo el mercado al lugar y muchos emprendimientos florecen sin tanto esfuerzo si les acercás la demanda. Esto también es infraestructura. No se trata de pueblos de estación de tren, sino de hacer florecer pequeñas "Toscanas" o "Andalucías" en muchas regiones con los saberes que ya hay ahora, pero potenciados.

Si se necesita, retomando los números del Banco Mundial, 5% del PBI de inversión en infraestructura para recuperar competitividad y 6% del PBI en educación  no está alcanzando para conseguir la revolución educativa. ¿Cuánto más se necesita para llegar?

Como le decía, se pone cierta cantidad de dinero y la infraestructura se hace y se consigue el resultado deseado: los camiones transitan por la ruta, los aviones llegan al aeropuerto. Pero se pone un montón de dinero en educación y las chances de que tenga un éxito proporcional a la cantidad invertida son muy bajas, te diría casi nulas, acá y en todo el mundo, porque no hay una correlación muy fuerte entre el dinero invertido y los resultados. 

Por eso dije que es mucho más difícil resolver el déficit social. Hay que hacer todo. Pero lo de infraestructura sabemos cómo hacerlo del mismo modo que sabemos cómo bajar la inflación. Ahora, recomponer el tejido social y reinsertar a la población que está cercana a la pobreza estructural, de eso tenemos algunas ideas, pero saber con precisión no lo sabemos.

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Si no se pueden distinguir cuales son los obstáculos para el desarrollo no se van a poder corregir nunca los problemas. No tenemos la maldición del desarrollo medio porque los ciudadanos hayamos creído que ya habíamos llegado sino porque los empresarios encontraron la forma de apropiarse de rentas extraordinarias sin tener que competir, salvo honrosas excepciones. El desarrollo industrial que nos asemejó a sociedades más desarrolladas no se inició por voluntad de la oligarquía nacional sino porque se cerraron todos los mercados con la crisis del 30. En la última década probamos apropiarnos parte de la renta sojera y en lugar de más inversión en otros sectores se produjo especulación y fuga de dólares. Con esa mentalidad no se puede avanzar. Yetati hay que generar colectoras para los empresarios que no van a ser nunca innovadores ni se animan a pescar afuera de la pecera, lamentablemente es lo que tenemos.
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laporotaonline, interesante tu comentario, coincido plenamente con Levy Yetati en cuanto al diagnostico y la forma de encarar posibles soluciones, y contrariamente a lo que tu opinas el deficit social y educativo es de muy lenta resolucion, bien lo plantea el preopinante que la inversion no se ve reflejada en resultados, por lo menos no con la misma celeridad que que se visualizan los resultados en una inversion en infraestructura y me parece razonable y racional implementar un plan a doce años, con los objetivos puestos en 2030, alli podremos visualizar plenamente los resultados de la tarea emprendida y la perpetuidad dominante me parece un concepto anacronico, hoy los dominios son circunstanciales y no mas alla de una decada de duracion, la perpetuidad es dinamica, cambiante y ciclotimica, un gustazo
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Me parece bien algunos conceptos que vierte el entrevistado en la nota, en lo referido a educación y trabajo. Creo que el tema de los títulos intermedios vale la pena desarrollarlo, ya que podemos hablar de un tercer Ni, que son los que por algún motivo no llegaron a recibirse , y en lo que se desperdicia de lo que si aprendió y curso hasta ese momento.
Lo que no me parece acertado es que participe de un plan llamado Argentina 2030, no hay futuro si no se resuelve el ahora, esos "espacios" que crea este gobierno, tienen una mirada de "perpetuidad dominante" y los actores que lo acompañan , léase los grupos empresariales, no parecen tener la misma visión de desarrollo como la del entrevistado
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Que bueno que cada tanto se puedan dar un espacio para charlar el futuro.. Ahora, no deberíamos generar un espacio de experimentación social, hablo de un territorio.. Me parece muy importante animarnos a poder experimentar alternativas, pues el desafió es muy grande.. Sale muy caro equivocarnos en lo "social".. Si por ejemplo Tierra del fuego a parte de ser una aspiradora de subsidios, fuera un laboratorio social..? Tan distinta es al resto del país..? Saludos..